Qué hace que un juego de cartas sea bueno para viajar
No todos los juegos que caben en una mochila son juegos de viaje. Después de unos cuantos trenes, esperas en aeropuertos y sobremesas en restaurantes, tenemos claro qué es lo que de verdad importa:
- Que se juegue en poco espacio. Una bandeja de tren mide lo que una hoja de papel. Los juegos en los que se apilan cartas en el centro funcionan; los que exigen extender veinte cartas boca abajo, no.
- Que sobreviva a perder una carta. Alguna caerá entre los asientos. Un juego que sigue funcionando con 54 cartas en vez de 55 es un juego de viaje; uno que no, es un problema.
- Caja dura o lata. Las cajas de cartón fino llegan al destino abiertas y con las cartas sueltas por el fondo de la mochila.
- Partidas de cinco minutos. En un viaje los ratos de juego llegan a trozos: los diez minutos de espera en la puerta de embarque, el café de los adultos. El juego tiene que empezar y terminar en ese hueco.
- Reglas que se explican sin la caja. Si hace falta leer el manual, el juego no se sacará nunca. Los de esta lista se explican en una frase, y a partir de la segunda partida el niño se las explica a los abuelos.
Para el bolsillo: la lata y el puñado de cartas
El juego de viaje por excelencia es Dobble Kids, y la razón principal es la lata metálica: cabe en cualquier bolsillo, se puede sentar encima alguien y las cartas siguen intactas. Las cartas redondas caben en una bandeja de tren, cada partida dura un minuto y se puede interrumpir cuando el revisor pide los billetes. Lleva cinco minijuegos, así que una semana de vacaciones no lo agota. Y si desaparece una carta, nadie lo nota: eso, en un viaje, vale más que cualquier otra virtud. Funciona de los cuatro años en adelante. Si los niños son mayores, el Dobble clásico y las versiones temáticas viajan igual de bien —hay incluso una resistente al agua, pensada para la playa— y suben la dificultad con más dibujos por carta.
Con niños de dos a cuatro años, Little Action, de Djeco: cartas grandes con animales que piden una acción (saltar, hacer una mueca, lanzar la pelota) y ninguna regla más. En un restaurante se adaptan las acciones a lo que se pueda hacer sentado, y con cinco cartas hay entretenimiento para lo que dura el primer plato.
Si lo que buscas para el viaje es algo de un solo jugador, los rompecabezas de bolsillo compiten de tú a tú con las cartas: los contamos en juegos de ingenio para niños de 7 a 12 años.
Un truco que nos ha salvado más de un viaje: no llevar toda la baraja. Diez cartas en un sobre de plástico en el bolsillo del abrigo pesan nada y no se echan en falta las demás.
Para la playa, la piscina y el camping: barajas que aguantan el agua
Las vacaciones de verano son donde mueren las barajas de cartón: arena, crema solar, la botella que gotea en la mochila y el manotazo que las tira a la piscina. Para eso está la baraja española impermeable: es de plástico resistente al agua, así que si cae al agua o a la arena se enjuaga y se sigue jugando. Con ella se juega al burro a los cuatro años, al cinquillo a los siete y a la escoba a los nueve, o sea que una sola caja cubre toda la familia y todas las edades; las reglas están en la guía de juegos con la baraja española.
Si el destino no incluye agua pero sí mochila, la baraja española 100 % plástico resuelve el otro problema clásico: no se dobla, no se mancha de merienda y se limpia con un paño. Cuesta más que la de cartón y dura años, que en viajes es exactamente lo que se busca.
Qué dejamos en casa (y por qué)
No todos los juegos buenos son buenos de viaje, y conviene decirlo:
- Los de caja de cartón fina, como Gorilla: las cartas son más grandes y la caja llega abierta al destino. Mejor para el alojamiento que para el tren.
- Los ruidosos, como Taco Gato Cabra Queso Pizza: se juega a manotazos sobre el montón, lo que en un vagón silencioso o un restaurante no es una opción. Para las noches en el apartamento, perfecto.
- Los que necesitan mesa grande, los que exigen extender muchas cartas boca abajo y cualquiera con fichas o piezas sueltas.
Todos esos están en la guía de los mejores juegos de cartas para niños por edades, que es la que conviene mirar cuando el juego se queda en casa.
Cómo jugar a las cartas fuera de casa sin que acabe en drama
- Partidas cortas, y se para cuando se está ganando. En un viaje todos están más cansados y la tolerancia a perder baja. Dos partidas de cinco minutos siempre mejor que una de veinte.
- Un juego por trayecto. Sacar dos juegos a la vez es la receta para tener cartas de los dos mezcladas.
- El niño reparte y el niño recoge. Contar las cartas al guardarlas es un juego más y evita las pérdidas.
- Bolsa con cierre para los juegos de cartón. Una bolsa de congelar protege una caja de cartón de la botella de agua que siempre acaba goteando en la mochila.
- Deja el juego de estrategia para casa. En el tren se juega a lo que se pueda interrumpir.
Nuestra recomendación
Si solo vas a llevar uno, Dobble Kids: la lata lo hace indestructible, funciona de los cuatro años en adelante y aguanta que falte alguna carta. Con niños menores de cuatro, un puñado de cartas de Little Action en el bolsillo. Y si el viaje es de playa, piscina o camping, la baraja española impermeable por delante de todo lo demás: sobrevive a lo que ninguna otra baraja sobrevive y da para diez juegos distintos, de los cuatro a los cien años.




