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Juego y desarrollo infantil

Juegos de construcción para niños: del bloque grande al LEGO

La construcción es el juguete que más años aguanta de todos, pero no es uno: son seis o siete, y van en un orden. Contamos el recorrido entero con los que hemos tenido en casa, qué aporta cada escalón y el error que más dinero cuesta, que es comprar una caja pequeña de cada cosa.

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Una muralla larga construida con piezas magnéticas de colores translúcidos, con torres y tejados triangulares, sobre una alfombra

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El juguete que más años aguanta

Si hubiera que quedarse con un solo tipo de juguete para toda la infancia, sería este. Un juego de construcción sirve desde el año hasta los diez, no se agota porque no tiene final, y es de los poquísimos que valen igual para un niño solo que para cuatro a la vez.

Pero no es un juguete: son seis o siete, y van en un orden. Cada uno enseña algo que el anterior no podía, y saltárselo no adelanta nada, porque lo que limita no son las ganas sino los dedos.

El recorrido, escalón a escalón

1. Bloques grandes, desde el año

El primero es el bloque de plástico grande, del tipo Mega Bloks: encaja con muy poca fuerza y no cabe en la boca. A esta edad el niño no construye, apila dos piezas y las tira, y eso ya es construir.

Un detalle práctico que importa más de lo que parece: que vengan en bolsa con cierre. A esta edad la recogida la hace él, y una bolsa que se abre de un tirón convierte recoger en parte del juego.

2. Bloques de madera, sin encajar

En paralelo a los anteriores, y es un tipo distinto que merece la pena tener: piezas de madera que no se unen, solo se apilan. Son más fáciles y más difíciles a la vez, y por eso enseñan otra cosa.

Más fáciles porque la mano no tiene que hacer ninguna fuerza. Más difíciles porque todo depende del equilibrio: una torre mal puesta se cae, y esa es exactamente la lección. Ningún bloque que encaja enseña que el peso importa.

Lo honesto: tienen menos recorrido que los que se unen. Se agotan antes, porque lo que se puede hacer con ellos tiene un techo más bajo.

3. Duplo, el puente

Hacia los dos años llega Duplo, que es LEGO con las piezas al doble de tamaño: el mismo sistema de encaje y la misma lógica, pero con un ladrillo que una mano pequeña agarra entero.

Este escalón es el que más se cuestiona —«¿no es tirar el dinero si luego va a querer el pequeño?»— y la respuesta es que no: lo que se aprende aquí se traslada entero, porque el encaje es idéntico. Lo que cambia es el tamaño, no el sistema.

Eso sí, es un puente y no un destino, y se nota en cómo acaba. De nuestro Duplo hoy no queda ni la caja ni casi piezas: sobrevive un trenecito con un unicornio y un vagón con un arcoíris, que es lo que se salvó de tres años de mudanzas, préstamos y piezas perdidas. Cuando llegó el ladrillo pequeño, el grande dejó de salir del armario.

4. Piezas magnéticas, hacia los tres

Las placas magnéticas se pegan solas al acercarlas, y ese pequeño detalle cambia mucho: no hay fuerza de por medio, así que el niño construye en vertical mucho antes de tener la destreza para encajar nada.

Cinco poliedros de distintos tamaños construidos con piezas magnéticas triangulares, alineados en el suelo de madera

Lo que más les sorprende es el paso de dos a tres dimensiones. Montan una figura plana en el suelo, la levantan por un borde y se convierte en una caja. Eso no lo hace ningún otro material.

Una torre alta construida con piezas magnéticas de colores, con un tejado de triángulos naranjas y rojos, sobre una alfombra

Y suben más de lo que parece. Esta torre es de una sola tarde y llega a la altura de un niño de ocho años: con bloques que hay que encajar, a esa altura ya se habría venido abajo tres veces.

5. LEGO normal, a partir de los cuatro o cinco

El ladrillo pequeño llega cuando los dedos dan, y a partir de ahí ya no se va. La caja que recomendamos es la de ladrillos creativos sueltos, sin modelo que montar: 790 piezas, dos bases verdes y nada que haya que hacer «bien».

Las bases verdes parecen un accesorio y son lo que más cambia el juego: dan suelo a las construcciones, y a partir de ahí lo que se monta deja de ser un objeto y pasa a ser un sitio.

6. Y dos ramas que se salen del camino

Los policubos se unen por las seis caras, no solo por arriba, así que permiten formas que con un ladrillo no salen. Son material de clase de matemáticas, y en casa cuentan, agrupan de diez en diez y comparan longitudes sin que parezca que se está haciendo nada.

Varias figuras construidas con policubos de colores sobre una alfombra: una casa, una flor, una cruz y una equis

Fíjate en que casi todo lo que sale son figuras planas, como dibujos hechos con cubos. Es lo que pasa cuando se puede unir por cualquier cara: se construye a lo ancho antes que a lo alto, y eso les lleva a hacer cosas que con un ladrillo ni se les ocurrirían.

Y los kits de cabañas, de varillas y conectores, donde la construcción deja de estar sobre la mesa y pasa a ser del tamaño del niño: se monta, se cubre con una sábana y se mete dentro. Nosotros lo sacamos al exterior, que es donde mejor funciona porque no hay muebles que estorben ni nada que tirar.

Una cabaña alta montada con varillas azules y conectores de colores en el patio, con cuatro niños de pie dentro

Cuatro dentro a la vez, y ahí se ve la diferencia: es el único de la lista que no cabe en una mesa. Montarla es el juego, y meterse dentro es el premio.

Lo que nadie te dice: una caja no basta

Este es el error que más dinero cuesta, y lo hemos cometido con casi todos.

Las cajas de inicio traen entre 80 y 100 piezas, y con eso se hacen torres, no construcciones. En cuanto el niño quiere una casa en la que quepa un coche de juguete, se queda sin piezas a media pared. Nos pasó con los bloques grandes, que tuvimos que comprar una segunda bolsa, y con los magnéticos, donde siempre acabas ampliando.

Dos conclusiones después de pasar por ahí:

  • Sale más barato una caja grande que tres pequeñas, y evita la frustración de quedarse a medias.
  • Antes de comprar otro tipo distinto, amplía el que ya funciona. Más piezas del que le gusta rinde mucho más que una caja nueva de otra cosa.

Bloques grandes de construcción repartidos por el suelo, una torre montada con ellos y una caja de plástico transparente llena hasta arriba de más bloques

Esta es nuestra caja de bloques grandes después de años: la bolsa de 80 que compramos al principio no se ve por ninguna parte, porque hace tiempo que no cabían.

La ventaja que ningún juego de mesa tiene

Aquí está lo que de verdad distingue a la construcción, y es la razón por la que la recomendamos por encima de casi todo: varios niños pueden construir a la vez, en la misma construcción, sin turnos.

No hay ganador, no hay orden, no hay que esperar. Dos niños de edades distintas trabajan en la misma casa haciendo cada uno lo que sabe: uno pone la base y el otro el tejado, y los dos están jugando al cien por cien todo el rato. Con un juego de mesa, el de cuatro años espera mientras le toca al de ocho.

Es el mismo principio que hace funcionar a los juegos cooperativos —nadie pierde— llevado un paso más allá: aquí ni siquiera hay partida.

Los de bebé no se tiran: cambian de uso

Una cosa que no esperábamos. Los bloques grandes que compramos para el año seguían saliendo a los cinco y a los seis, pero ya no para hacer torres.

Se habían convertido en el escenario de otro juego: una casa para los muñecos, una granja para los animales, un garaje para los coches. Dejaron de ser el juguete y pasaron a ser el decorado, y en esa segunda vida han durado más que en la primera.

Así que antes de guardar los bloques de bebé porque «ya es mayor», prueba a sacarlos junto a otra cosa. No construye con ellos: construye para otra cosa, que es un juego distinto y más largo.

Nuestra recomendación

Si empiezas de cero con un niño de uno o dos años, una bolsa grande de bloques y una caja de Duplo. Con eso tienes cubiertos los tres primeros años, y lo segundo enlaza con todo lo que venga después.

Si ya tiene cuatro o cinco y hay que elegir una sola cosa, la caja de ladrillos creativos sueltos: 790 piezas, sin modelo que seguir y compatible con cualquier LEGO que entre en casa en los próximos diez años.

Y si lo que buscas es que jueguen varios a la vez, el kit de cabañas, que es el único de la lista que no cabe en una mesa.

Nuestra selección

Los productos de los que hablamos en esta guía, con enlace a su ficha en Amazon.

Para empezar, de 1 a 3 años

La bolsa azul con cremallera de Mega Bloks First Builders, con la ventana transparente por la que se ven los bloques de colores

Mega Bloks First Builders, bolsa de 80 bloques

Mega BloksEdad: 1+

El primer juego de construcción: bloques de plástico grandes que encajan con poca fuerza y no se pueden tragar. Vienen 80 en una bolsa con cierre, que es lo que de verdad importa a esta edad, porque la recogida la hace el niño. Aguantan mucho más de lo que su edad sugiere: a los cinco o los seis siguen saliendo, ya no para torres sino para montar el escenario de otro juego.

Encajan con muy poca fuerza: a un año ya construye solo · Se lavan y aguantan años de golpes · La bolsa con cierre resuelve la recogida · Duran más allá de su edad: sirven de decorado para otros juegos
Con una bolsa de 80 se queda corto en cuanto empieza a construir en serio: nosotros compramos un par · Las piezas son grandes y ocupan mucho sitio guardadas
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Un trenecito de LEGO Duplo con un vagón amarillo que lleva un unicornio y otro azul con un arcoíris
De nuestro Duplo ya solo queda este tren: ni la caja ni casi piezas. Enlazamos una caja de inicio equivalente.

LEGO Duplo Classic, caja creativa de 80 piezas

LEGOEdad: 1+

El puente entre el bloque grande y el LEGO de verdad. Duplo es LEGO con las piezas al doble de tamaño: el mismo sistema de encaje, la misma lógica, pero con una pieza que una mano pequeña agarra entera. Esta caja trae 80 piezas con ladrillos de números y animales, que dan excusas para construir algo concreto y no solo torres.

Mismo sistema que el LEGO normal: lo aprendido no se pierde · La pieza es grande pero el encaje ya es de verdad · Los ladrillos de números y animales dan juego más allá de construir · Compatible con el Duplo que ya tengáis, de la edad que sea
80 piezas dan para poco: es una caja de inicio, no la definitiva · A los cuatro o cinco años se le queda corto y pide el pequeño
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Un cubo con asa lleno de piezas de construcción de madera de colores, con el castillo que se puede montar dibujado en la etiqueta
El de la foto es el nuestro, de otra marca; enlazamos uno equivalente.

Bloques de construcción de madera

Dena

Piezas de madera que no se unen entre sí: se apilan y ya está. Eso las hace más fáciles y más difíciles a la vez, y es lo interesante de tenerlas. Más fáciles porque no hay que encajar nada; más difíciles porque todo depende del equilibrio y una torre mal puesta se cae. Enseñan algo que ningún bloque que encaja enseña: que el peso importa.

Sin encajar: la mano no tiene que hacer fuerza · Enseñan equilibrio y peso, no solo forma · Madera: pesan, suenan bien y duran décadas · Sirven desde muy pequeños y también como material de juego libre
Tienen menos recorrido que los que encajan: se agotan antes · Al no unirse, las construcciones se vienen abajo y eso frustra a algunos niños
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De 3 a 5 años

Dos poliedros construidos con piezas magnéticas translúcidas, uno verde y amarillo y otro rojo y rosa, sobre el suelo de madera
Las de la foto son las nuestras, montadas en poliedros. Son de otra marca: en Amazon enlazamos un equivalente.

Bloques magnéticos de construcción

GenéricoEdad: 3+

Placas planas con imanes en los bordes que se pegan solas. El salto respecto al bloque de encajar es que no hay fuerza de por medio: se acercan dos piezas y se unen, así que el niño construye en vertical mucho antes de tener la destreza para encajar nada. Las figuras salen en dos dimensiones y se levantan en tres, que es lo que más les sorprende.

Se unen solas: construye en alto desde los tres años · Lo plano se convierte en volumen y eso engancha mucho · Se recogen rápido porque se apilan pegadas · Funciona muy bien con varios niños a la vez
Siempre acabas comprando más: con una caja no salen construcciones grandes · Los imanes de las piezas baratas pierden fuerza con el tiempo
Ver en Amazon

De 5 años en adelante

La caja amarilla con forma de ladrillo de LEGO Classic 10698, con los cuadernillos de instrucciones abiertos delante

LEGO Classic, caja de ladrillos creativos (790 piezas)

LEGOEdad: 4+

El final del recorrido y la caja que más dura de todas. 790 piezas sueltas, sin instrucciones de un modelo concreto, con dos bases verdes, ventanas, ruedas y ojos. Es la caja de construcción libre por excelencia: no hay nada que montar «bien», así que no se termina nunca ni se queda obsoleta cuando el niño crece.

790 piezas: por fin no se queda corto · Sin modelo que seguir, así que no se acaba · Las dos bases verdes cambian el juego: dan suelo a las construcciones · Compatible con todo el LEGO de los últimos cincuenta años
Las piezas pequeñas se pierden y duelen al pisarlas · Hasta los cuatro o cinco años, la motricidad todavía no da
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Varias figuras construidas con policubos de colores sobre una alfombra: una casa, una flor, una cruz y una equis

MathLink, 100 policubos de colores

Learning ResourcesEdad: 5+

Cubos que se enganchan por las seis caras, pensados para contar y agrupar en clase pero que en casa funcionan como construcción. Al unirse por cualquier cara se pueden hacer figuras que con un ladrillo no salen, y de paso se cuentan, se agrupan de diez en diez y se comparan longitudes sin que parezca que se está haciendo nada.

Se unen por las seis caras: permiten formas imposibles con ladrillos · Las matemáticas salen solas, sin ficha ni cuaderno · Cien piezas por poco sitio: se guardan en una caja pequeña · Los usan igual en el colegio, así que el niño los reconoce
Son cubos sueltos: no hay bases ni accesorios que den juego temático · Separarlos cuesta al principio hasta que se coge el truco
Ver en Amazon
La cabaña montada en el patio con varillas azules y conectores de colores, alta como un adulto, con cuatro niños de pie dentro
La nuestra, montada al aire libre. Con 140 piezas sale una cabaña de este tamaño.

Kit para construir cabañas, 140 piezas

GenéricoEdad: 5-12 años

Varillas y conectores para levantar cabañas, túneles y fuertes del tamaño de un niño. Es el escalón en el que la construcción deja de estar sobre la mesa y pasa a ser el sitio donde se juega: se monta, se cubre con una sábana y se mete dentro. En casa lo sacamos al exterior, que es donde mejor funciona porque no hay nada que tirar.

La construcción se vuelve del tamaño del niño y se juega dentro · Pide varias manos: es el que mejor funciona con hermanos o amigos · Al aire libre no hay muebles que estorben ni nada que tirar · Se monta y desmonta entero, no ocupa sitio guardado
Dentro de casa necesita bastante espacio libre · Las uniones se sueltan si la estructura se hace muy grande
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Preguntas frecuentes

¿A qué edad se puede empezar con juegos de construcción?

Desde el año, con bloques grandes que encajen con poca fuerza y que no quepan en la boca. A esa edad no construye: apila dos piezas, las tira y se ríe. Eso ya es construir, y es el paso que hay que dejar que ocurra sin corregirlo.

¿Duplo o LEGO normal?

Duplo hasta los cuatro o cinco años, y después el pequeño. No es una cuestión de inteligencia sino de dedos: el ladrillo normal pide una precisión y una fuerza que antes de los cuatro no están. Y no es dinero perdido, porque el sistema de encaje es el mismo y lo aprendido se traslada entero.

¿Cuántas piezas hacen falta?

Más de las que trae una caja de inicio, y esto es lo que nadie te dice al comprar. Con 80 bloques se hacen torres; para hacer una casa en la que quepa un coche de juguete hacen falta dos o tres bolsas. Sale más barato comprar una caja grande que tres pequeñas, y evita la frustración de quedarse a medias.

¿Los bloques de bebé se tiran cuando crecen?

No, cambian de uso. Los bloques grandes que a los dos años eran torres, a los cinco o seis se convierten en el escenario de otro juego: una casa, una granja, el garaje de los coches. Dejan de ser el juguete para pasar a ser el decorado, y en esa segunda vida duran años.

¿Se puede construir entre varios niños?

Es de las pocas cosas que se hacen de verdad en grupo sin que haya que repartir turnos. No hay ganador ni orden, así que dos niños de edades distintas pueden estar en la misma construcción haciendo cada uno lo que sabe: uno pone la base y el otro el tejado. Es la ventaja que ningún juego de mesa iguala.

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